Moscow: Red Square.

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Por supuesto que Moscú, no es solo la Plaza Roja.Hay mucho, muchísimo más. Pero reconozco que volvería. que organizaría de nuevo el viaje a aquella lejana, fría e interesante ciudad. Solo por volver a verla.

Tuve la suerte de alojarme en un hotel tan magnífico como cercano:  el Four Seasons. Me permitió visitarla tantas veces como quise. A la mañana, la mediodía y a la noche. Con sol. Con nubes. Nevando.

Siempre es inmensamente bella. Fascinante. En cualquiera de sus lados y de sus vértices. Mirando desde un extremo o desde el otro. En su centro.

Me daba igual por donde empezar.

Por la archiconocida y fotografiada catedral de San Basilio, con sus coloristas cúpulas en forma de bulbo.

Por la alta y prolongada pared de ladrillo rojo, que la separa del Kremlin.

Por el discreto pero inquietante mausoleo de Lenin,  que contiene sus restos embalsamados.

Por la impresionante fachada de casi 250 metros, que antiguamente albergaba las oficinas y los almacenes del régimen prosoviético, pero que hoy en día, se ha convertido en uno de los centros comerciales más lujosos y caros de la capital. GUM.

Para los que penséis hacer shopping en ellos, os diré que pregunté por una chaqueta de lana con dibujos geométricos de colores, y el precio en rublos, equivalía a 500 euros.

Lo que sí hallé en su planta baja, fue una de las tiendas de comestibles más exquisitas que he visto a lo largo y ancho de los países en los que he estado. Y en la que cada día desayunaba bollitos y pasteles recién hechos, por menos de 5 euros. No me lo creía.

Tampoco me creía que a cuatro grados bajo cero, tuviera ganas de comerme un  helado de chocolate. Pero resultó que veía a casi todos los moscovitas con uno, y yo ” no quise ser menos”. Lo cierto es que estaba buenísimo y que me sentó fenomenal. Fuí un poco atrevida, lo reconozco, porque lo más recomendable hubiera sido un café bien caliente.

Pero mi mayor atrevimiento consistió en haber visitado el mausoleo de Lenin.

 Os lo aseguro.

Cristina,

 

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