Helsingor & Hamlet

11379215_103094403361594_1531374947_n

Acabo de regresar de Copenhague. He visto muchas cosas.

Una ciudad que ha sido un gran descubrimiento. No solo por su muelle lleno de goletas y de casas de época, pintadas de vivos colores. No solo por ser una ciudad llena de bicicletas y de gente amable,  en la que apenas hay tráfico ni ruídos. No solo porque tiene varios palacios y cientos de edificios señoriales. No solo porque también cuenta con maravillosos parques y lugares para pasear o dedicarse a contemplar, si el tiempo lo permite. Sino porque además, tiene unos espectaculares alrededores, a los que se puede acceder fácilmente, gracias a una rápida, límpia y puntual red de trenes. Eso sí, los billetes no son baratos. Yo me decidí por un pase de 24 horas, que por 18 euros, me daba la posibilidad de utilizar todos los transportes . No incluía el Puente de Oresund.

Una de mis visitas, fué hacia el Norte. A Helsingor. A 48 kilómetros y a 40 minutos aproximadamente. Es un precioso pueblo fronterizo, con mucho que decir, empezando por su estación. Sin embargo yo iba buscando la exquisita escultura de El Sirenito;  enclavada en el muelle,  en un lugar de la  misma belleza y serenidad que la escultura.

Me detuve un rato . Deliciosa. Me ví reflejada en ella. Disfruté en soledad, de aquellos momentos de atardecer. Antes de atravesar el puente y el primer foso, camino del castillo de Kronborg.  Famoso por ser uno de los más grandes y mejor conservados del norte de Europa.

Todo en él es magnífico. Su emplazamiento, una colina al borde del mar, desde la que casi tocas Suecia. Su batería de cañones. Su conjunto de casas aledañas. Sus muros, sus fosos, sus jardines. Y sobre todo, una arquitectura  imponente y singular, que depura cierto tenebrismo; cierta tragedia. Quizá por eso William Shakespeare lo escogiera como escenario de su obra maestra Hamlet.

Recorro todo su perímetro. Un gran paseo. Un bello paseo.  Disfruto de él, del mar, de la paz, del frío aire. Miro el reloj y apuro el paso, para coger el próximo tren. De vuelta a Copenhague.

4 thoughts on “Helsingor & Hamlet”

    1. Querido Daniel:
      Qué alegría saber de ti. A mí también me encantó.
      Seguimos tus consejos y visitamos la casa de Karen. Está presente en todos los rincones. Maravillosa. Me llené de ella. Y luego nos dió tiempo de pasar hasta Malmo. Comimos muy bien en un restaurante llamado La casa de la carne.
      Han sido unos días intensos pero preciosos. Desde entonces te cuento como amigo.
      Espero que sigamos en contacto, que me cuentes cosas.
      Y si vienes por España, avísame para quedar.
      Un gran beso mi querido amigo. Te deseo todo lo mejor. Y todo el sol del mundo, para el invierno de Copenhague.
      Cristina.

  1. Divisa desde el desvencijado muelle, entre los norays y el balanceo de las barcas astilladas, el agitado y gélido mar de las vírgenes tierras nórdicas, reflejando sus espumas en su pulida piel de acero.
    Su mirada perdida entre nubarrones antracitas, desnuda lacónicamente al amante que ansía despojar de hieratismo un corazón encarcelado.
    Prisionero del metal apenas deja vagar el deseo del encuentro soñado con su alma, su amor, separada, tan remota, tan lejana….pero unida a él por un hilo infinito invisible, tejido de lamentos y esperanzas, en un viaje eterno por sus verdes paisajes agrestes.

    1. Enhorabuena Violeta¡¡¡
      Qué belleza de comentario.
      Son tus palabras vestidas de inmensa hermosura, las que navegan en las goletas, rumbo al sur, llevando los anhelos, los pensamientos, los sentimientos de nuestro querido Sirenito.
      Porque allí le están esperando. Dulce y yo diría que tímida, a juzgar por su postura y su mirada hacia la piedra sobre la que se alza. Su amada Sirenita.
      Un beso enorme. Una montaña de gracias. Y una petición, sigue escribiéndome. Por favor.
      Cristina.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *