Estepona is Andalucía.

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Debo reconocer, que me encanta Estepona.

Porque la siento cecana. Porque creo que lo reúne todo. O al menos para mí.

Su estratégica situación mediterránea. Su clima dulce y benévolo. Su ambiente cosmopolita y mundano; a la vez que cordial y cercano. Todos los servicios y de nivel. Estupendas comunicaciones. Y un ilimitado elenco de posibilidades: playa, golf, equitación, navegación, gastronomía, naturaleza… En definitiva: calidad de vida y diversión.

Es extensa. La divido en cuatro zonas.  La residencial: A la entrada, viniendo de Puerto Banús; y a la salida, camino de Soto Grande.  La playera: Con su amplio y placentero paseo marítimo, al borde de una atendida playa, de las mejores de esta línea de costa. La histórica: con un casco antiguo que han dejado precioso. Totalmente rehabilitado, lleno de casas encaladas, calles empedradas, tiestos de colores; y frescos y andaluces geranios. Por todas partes.

Y el puerto: con sus barcos de pesca, y también de recreo. Con sus restaurantes y lugares de copas.  Con sus tradicionales lonjas, donde los pescadores, reparan sus redes y secan su pescado.  Lugar de encuentros por antonomasia.

Siempre que puedo, me calzo unas Nikes y empiezo mi paseo. Desde el hotel Kempinsky situado a la entrada, y hasta el restaurante La Escollera, situado a la salida. Son unos cuántos kilómetros. Que disfruto inmensamente. Cuando el sol se va poniendo.

Y despliego  en él  todos mis sentidos: la vista, el oído, el olfato…

Cansada, llego a mi recompensa. Un taburete de madera alto y una caña de barril. Que espero a tomar, para que no me siente mal. Sumo también, una tapa de salpicón de huevas de merluza.

Soy feliz. No pido ni necesito más.

Soy feliz. En Estepona.

 

 

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