Discovering Munich.

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Había estado veces, pero en su aeropuerto.

Pensé que ya era hora de dedicarle más tiempo. Así que me decidí.

Desde Bilbao, Munich se encuentra a tan solo dos horas de avión y no llega a los 100 euros ida y vuelta.

Reservé con Booking, un hotel muy cercano a la estación Central; a la que accedí con un rápido y confortable metro desde el aeropuerto. En cuarenta minutos y por 10 euros.

Os confieso que es una ciudad que me ha sorprendido.

Es bella, rica y de gran ambiente. Tanto en su casco antiguo, como en su parte más noble y nueva.

Todo lo he recorrido andando. Porque el hotel era muy céntrico, porque siempre llevo mis Adidas, Nike o NB, y porque el tiempo ha sido muy generoso. Sol y calor.

Todo me ha gustado. Todo lo he disfrutado. De todo he aprendido.

Pero me quedo: con la visita a la casa de la cerveza, no comí allí pero es un espectáculo. Con la glamurosa calle Maximiliano, a la altura de las grandes como la 5ª en NY. Con toda su arquitectura, cada edificio una obra de arte. Con su ambiente y su gente, muy afable y con ganas de ayudar y agradar.

Pero sobre todo me quedo, porque soy una romántica, con el palacio urbano más grande de Alemania. Con techos y espejos para soñar. Con su teatrillo, con su capilla, y con su hermosísimo oratorio, lleno de dulzura, exquisitez y espiritualidad, y del que os muestro esta fotografía con vistas al cielo.

Que tengas una happy semana.

Cristina.

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